Yo, debí morir un 20 de diciembre

Yo, debí morir un 20 de diciembre de 1989 por las bombas estadunidenses. Debí ser un Sioux y ser masacrado en Wounded Knee, Ser exterminado junto a mis ancestros Tainos del Caribe. Sucumbir con los más de 30 millones de guerreros en el Ombligo de la Luna, Tenochtitlan, México en 1521.

Debí ser descuartizado y desmembrado en el Perú junto a Tupac Amarú. Debí ser quemado cuando la Iglesia Católica reconoció que no tenía alma, ni espíritu. Debí ser empalado junto al Mapuche Caupolicán.
Debí ser Fusilado junto a Victoriano Lorenzo, morir de hambre como aquel niño Kuna, como aquel hermano Guaraní Kaiowa expulsado de su territorio. Debí ser abatido en las encomiendas y minas de Potosí, arrancado de raíz de la tierra y alcoholizado. Debí ser desaparecido, humillado y asesinado y ser el numero 44 de Ayotzinapa.
Pero me dieron esta tarea los millones de muertos que habitan en mi alma, escribir poemas, danzar y jamás olvidarlos.
Manigueuidinapi

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